Fantasmas (Phantoms), de Dean Koontz — Círculo de Lectores


En Fantasmas, Dean Koontz nos cuenta la historia de cómo han desaparecido todos los habitantes de Snowfield misteriosamente. Jenny Page regresa a su pueblo natal con la idea de establecerse en su propio consultorio médico. Su hermana menor, Lisa Page, la acompaña para pasar las vacaciones de invierno. Sin embargo, cuando llegan, se dan cuenta de que todo el lugar está deshabitado. Cuando deciden investigar, encuentran uno que otro cadáver hinchado y amoratado. Jenny Page revisa los cuerpos, pero descubre que no hay explicación lógica para lo que ven sus ojos. Cuando llega la noche, saben que no están solas. Las luces de la calle se encienden y se apagan, las campanas de la iglesia retumban y el ruido de la sirena de los bomberos inunda el lugar. Alguien las vigila y está jugando con ellas. No demora mucho para que acudan al cuerpo de policía de Santa Mira, el pueblo más cercano, del que mandan a seis oficiales a investigar. Ellos junto con las dos chicas, deberán enfrentarse al misterio que se cierne sobre Snowfield. Es poderoso, permanece oculto y ataca en múltiples formas. Quizás, esa extraña entidad que los asecha y parece haber tomado el control del pueblo esté tras la muerte y desaparición de los habitantes. Este asunto comprometerá a gentes del gobierno, los medios de comunicación y hasta un escritor de libros sobre enigmas de la historia, que parece conocer la verdad detrás del horror que se cierne sobre Snowfield.

A veces hay libros cautivantes, con fuerza, con espíritu, libros que yo llamaría «honestos», y a veces hay otros que son todo lo contrario. Fantasmas es uno de ellos.

La apertura es explosiva y veloz. En los tres primeros capítulos ya estamos inmersos en el misterio del lugar, y un montón de preguntas empiezan a construirse en nuestra cabeza. Avanzar se convierte en una necesidad. Sin embargo, cuando Jenny Page encuentra el primer cadáver y comienza a investigar, sus cavilaciones se vuelven fastidiosas, reiterativas, insoportables. Koontz se repite mucho al querer presentarnos la magnitud del misterio y la manera como trabaja la mente de Jenny. Las primeras 40 páginas están llenas de diálogos poco creíbles, y ambas se sienten como personajes acartonados, falsos. Pero podemos pasar por alto esos detalles y continuar. Sin duda, queremos saber qué sucede en Snowfield y es un punto que se le abona a Koontz.

La atmósfera se vuelve interesante con la llegada de la noche, en especial cuando comienzan los saboteos en el pueblo: las luces de las calles se enloquecen y las campanas y sirena empiezan a sonar. Al llegar los policías, el suspenso cobra mucha fuerza. Comenzamos la exploración por los diferentes edificios y vamos encontrando pistas que pueden ayudarnos a resolver las preguntas que tenemos. Dean Koontz va armando su puzle paso a paso, con un susto por aquí, por allá, y alguna situación imprevista que encara a los protagonistas con el peligro. Además, el carácter de los personajes nos va dejando ver con más claridad quiénes son cada uno de ellos, cómo enfrentan el peligro y cómo logran tomar decisiones para su supervivencia, pues se dan cuenta, en muy poco tiempo, de que están luchando contra fuerzas que escapan a la razón humana.

Más adelante, con los agentes del gobierno, los laboratorios móviles y demás rollo científico que más de uno se debe imaginar, empezamos a acercarnos a la resolución del asunto. Lo que se oculta en el pueblo se hace visible, se defiende y va por las víctimas. Es una especie de criatura amorfa que se deleita matando y descuartizando a sus víctimas, y adopta las más variadas formas terrenales para cumplir sus fines destructivos. Las desapariciones y muertes no se detienen. Esta criatura  es mucho más poderosa y sabia que el ser humano, y parece tener todas las de ganar. Sin embargo, sabemos que es no es así, porque Dean Koontz está muy dado a los finales en el que el bueno siempre gana, así que podemos estar seguros de que habrá un triunfador. Para nadie es un secreto esta postura del autor. Él mismo lo dice: «Demasiado horror es inhumano. Mi visión de la gente y del futuro es muy optimista.»

Fantasmas bebe claramente de la literatura de Howard Phillips Lovecraft. La criatura de este libro, a la que llaman «El antiguo enemigo», un ser abyecto, gigantesco y lleno de tentáculos, que permanece oculto bajo las calles del pueblo, tiene muchas similitudes con las que creó el autor de Providence, además de compartir la misma idea de que seres anteriores a la especie humana vivieron en este planeta y han permanecido ocultos durante el tiempo, asechando. Lo que Koontz trata de lograr aquí es, sin embargo, sacar a estas concepciones monstruosas de lo mítico y ubicarlas en escenarios más contemporáneos, cosa que logra aceptablemente. Se juega también, en menor medida, con los libros ficticios (la obra del escritor Timothy Flyte). Y recuerda mucho a la película de 1958 The blob, y su remake de 1988.

La novela es correcta, posee interesantes situaciones de terror y un buen planteamiento del misterio, además de hacer pasar un rato entretenido. ¿Entonces por qué dije que era deshonesta? Bien, a veces un libro puede estar perfectamente escrito, bien estructurado, con buenos personajes y demás tecnicidades, pero no es suficiente; siempre hay algo más, que no es visible ni tangible, pero se siente cuando se está leyendo, y que viene directamente ligado al autor. Los buenos libros, los que destacan de los otros, tienen una fuerza extraña que cautiva al lector. Fantasmas, si bien puede estar correctamente construido, le falta esa fuerza de la que hablo y sé que más de uno conoce. A mí me pareció un libro artificioso, frío, falso, impuesto. Y lo noté cuando lo leí, porque llegó a cansarme. En cuestión del horror, Koontz describe pasajes que deberían ser tenebrosos, pero el problema radica en que son solo visibles, mas no producen ninguna sensación. El horror no siempre logra cobrar vida. Es como si te dijeran «en este momento debes asustarte», pero no lo haces porque es imposible.

Veo a esta historia como una mezcla de muchas situaciones clásicas del horror organizadas metódicamente para que funcionen como un reloj. Es una novela probablemente construida con formulas, no de esas que son metodologías de trabajo (todos los autores las tienen), sino de esas que se fabrican para buscar fines totalmente pragmáticos. Con un autor Best-Seller como Dean Koontz, que tiene más de setenta obras bajo su autoría, estas cosas pueden pasar. Fantasmas me parece más un producto de las exigencias editoriales, un objeto para vender y ya. Esto no es malo, claro que no. Muchos libros se venden por cantidades y son maravillosos. Sin embargo, este en particular no tiene eso que hace maravillosos a los demás. Es una lectura entretenida, pero fácilmente olvidable, o prescindible, si se quiere.

La historia se llevó al cine en 1998, con el guión escrito por el mismo Dean Koontz. Es absolutamente mala. Me dormí viéndola. Es la primera vez que tengo que ver una película de terror en dos sesiones por el sueño que me produjo. Les dejo el tráiler.




Koontz, DeanFantasmas; traducción de Hernán Sabaté. Bogotá, Colombia: Círculo de lectores., 1989.

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